En Mi Mundo Interior | Noches en las que es imposible dormir…
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— Noches en las que es imposible dormir…

Hay noches en que no puedes dormir. Te metes en la cama, deseando encontrar ese sueño reparador que tanto precisas, pero resulta que es imposible.

 

Te lavas los dientes, te miras al espejo, y vas de camino a la habitación; te quitas las zapatillas, pones el despertador, y te metes debajo de la manta, buscando caer rendido, sin saber que será imposible.

 

Comienzas dando vueltas en la cama, intentando hacer memoria de cómo te sueles acostar. Porque esa es otra, todo el mundo tiene su posición favorita para dormir. Los hay que duermen boca arriba, otros boca abajo, posición supina, cúbito supina, agarrando la almohada, los hay que se ponen un cojín entre las piernas, otros que duermen sin almohada, otros con 3 almohadas. Hay gente que necesita dormir desnuda, o en ropa interior, o en pijama, o con su camiseta favorita: ¡¡¡Qué complicado es dormir!!!

 

Después de dar unas cuantas vueltas, vuelves a mirar el reloj, y descubres sorprendido que solo llevas 6 minutos en la cama. Y piensas, voy a poner un rato la tele. Y la enciendes, y colocas el temporizador, por si de casualidad te duermes. Primero pones 15 minutos, optimista. Y de repente la tele te avisa que en un minuto se apagará… Amplías, y pones 20 minutos más. Y de repente da la casualidad de que lo que están poniendo por la tele, te llama la atención. Y a los 20 minutos le pones otros 20 más. Total, ya llevas 61 minutos en la cama, y el sueño que no llega.

 

Si tienes una jauría de animales, como yo en estos momentos, la cosa se complica. Cuando menos te lo esperas, se suben a la cama, justo en ese preciso instante en que sentías como las musas se apoderaban de tí, y van y te despiertan. Otra vez. Vuelta a empezar. La tele de nuevo, ésta vez sólo 10 minutos. Y el aviso de que se va a apagar… Y amplías. Puffff. Qué tortura. Y qué calor… Voy a quitar un poco el edredrón, será que a ésta temperatura no puedo dormir…. Y vuelves a sentir que te amodorras, pero de repente te entra el frío, y te cubres, y sin querer despiertas a uno de los perros, qué, incómodo, se baja de la cama, y empieza a enredar. Sus patitas retumban contra el parquét. “Pá´rriba y pa´bajo”. Tic tic tic. Y claro, con ese ruido es imposible sobar… Te levantas, cabreado, rogando al pobre animal que se esté quieto. Al levantarte de la cama súbitamente, el corazón se acelera, y te vuelves a sentir despierto. Maldición….

 

Ahí es cuando recuerdas que un vaso de leche caliente, suele dar sueño. Y vas a la cocina, abres la nevera, coges la leche y una taza, y al microondas. Un minuto después, triiiin, ya está la leche caliente. Coges 4 galletas, porque la leche sola como que no entra, y vas a la cama. La cama, otra vez… Bebes la leche ( con la tele puesta otra vez, ésta vez ya sin temporizador…) y comes las galletas. Apagas la tele y la luz, y te recuestas de nuevo, pensando que ahora sí, ésto no puede fallar. Te concentras en el sonido de tu respiración, y a su ritmo, lentamente, se cierran los párpados, y te inunda la somnolencia. Hasta que justo en ese momento, el gato busca su sitio habitual en la cama, y tiene un encontronazo con el otro perro. Y empiezan a liarla. Son las 3.15 de la mañana…. Y los quieres matar.

 

Otra vez la rutina de la tele, y encima ahora no encuentro el mando. Pongo un canal cualquiera, el temporizador ( por octava vez…), y ruego a lo más sagrado que Morfeo me secuestre al fín, que además mañana madrugo… Pero no hay manera. Aunque, espera, parece que si… Poco a poco me siento felíz porque siento como se va relajando mi cuerpo. Me duermo… Meeec meeec meeec meeeec meeeec!!!! “Maldición, es la alarma de un coche, justo debajo de mi casa”!!!!!!!!!!!!!!! Y otra vez en pié, a tope, mirando por la ventana a ver si ha pasado algo. El corazón a mil, y las 3.45 de la mañana.

 

Cansado, me pongo a dar vueltas por la habitación, y de mala leche, me dirijo de nuevo a la cama. Me acuesto. Y agotado, comienzo a quedarme lentamente dormido… Pero no. El ruido del ascensor:  “qué raro, a éstas horas…” Y además se para en mi piso. Más extraño aún. Y unas risas estruendosas salen de él. (“Debe ser mi vecina que ha debido ligar, porque se oye una voz femenina y una masculina, y ella vive sola…”). Con las prisas, abren apurados su puerta, y la cierran de un portazo. Genial. Ahora si tengo los ojos como platos. Son las 4.30 de la mañana….

 

Espera, son las 4.30. ¿ Hoy no jugaban los Lakers? Consulto el móvil… Y Bingo. El 4º partido contra los Thunder se está jugando ahora. Y pienso: ” voy al salón, me acuesto en el sofá, me pongo a verlo y seguro que en 5 minutos estoy sopa”. Pero claro, no contaba yo con que el partido iba a estar reñidísimo. Que ver a los jóvenes Thunder jugar como si tuvieran 40 años, no tiene precio, y mi fanática afición por el baloncesto.

 

Y aquí estoy, escuchando a los pájaros de la mañana dar la bienvenida a un nuevo día. Con los ojos medio caídos, y lo peor de todo… Con ganas de escribir.

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