En Mi Mundo Interior | La culpa, eterna solitaria.
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La culpa, eterna solitaria.

La culpa. Pobre infelíz. Nadie la quiere. ¿De quién fue culpa que viniéramos a la Tierra? ¿Qué fue primero el huevo o la gallina? ¿En realidad fue Adán, al morder la manzana, cuando comenzó a liarla en nuestro querido Planeta? Si es que aún no sabemos de quién fue la culpa, de que estemos aquí… Cómo vamos a adjudicarle la culpa a las cosas más banales…

 

La culpa es la eterna solterona del pueblo. Esa que ha formado parte de nuestra vida, desde que tenemos uso de conciencia, pero a la que siempre dejamos sola. Nadie la quiere para sí. Todo el mundo la esquiva.

 

Todo comenzó desde que éramos niños… ¿Quién ha roto este jarrón? ( Y mirábamos para otro lado…). ¿Por qué has suspendido este exámen? ( Y decíamos que el profesor que había puesto algo que había dicho que no caía… O cualquier otro disparate). ¿Por qué no has hecho los deberes? ( Y contábamos que había sido el perro que se los había comido…)

 

Al ir creciendo, nuestras preocupaciones eran diferentes. Si jugando en el colegio, alguien le tiraba del sujetador a alguna niña, en seguida nos mirábamos unos a otros, y parecía que había sido una mano que había aparecido de la nada, la que había jalado de ella. Si se armaba algún estruendo en la clase, porque se había caído una silla, o una carpeta, cuando el profesor giraba la cabeza, ahí estábamos todos mirando para el techo o a los lados, buscando a un culpable que jamás aparecía.

 

La culpa, qué infeliz.

 

Y llegamos a la edad adulta. La economía que nunca es suficiente, los préstamos que cuestan un horror pagarlos, los proveedores tenerlos al día o ser puntuales. Y aquí se acumulan las excusas: que si es que no me da con lo que gano ( da igual que sean 600 o 60000); el préstamo no lo atiendo porque los bancos son unos caraduras ( como si no lo supiéramos cuando firmamos, y cogimos el dinero tan felices…); que si es que no me ha pagado éste, y por eso no te puedo pagar ( también podías haber exigido el pago de contado, o dejar de comprar, porque sabías que dinero no iba a aparecer…) ; o que es que resulta que el tráfico estaba horrible ( Como si no hubiéramos podido salir antes, o quedar después).

 

Ja. La culpa. Pobre infelíz.

 

Pues yo quiero un mundo, donde asumiré mis errores, y voy a empezar ahora mismo: Mamá, aquel jarrón lo rompí yo. Y aquel exámen de ciencias, fue que estuve toda la tarde con la Gameboy. Y aquellos deberes, querido profesor, es que me quedé toda la tarde jugando a baloncesto, y pasé de hacerlos…

 

Eso si, la culpa de que la economía de la Tierra, y en concreto de las Islas, este así, la tienen los políticos que nos gobernaban y los que ahora están, por no saber adaptar la idiosincrasia de las íslas, a las necesidades actuales. En un mundo, en el que todo va a la velocidad de la luz, seguimos dependiendo de un anquilosado sistema administrativo, que solo pone pegas y trabas a la economía de la nación.

 

Pero claro, ellos dirán, que la culpa es de los técnicos. Y éstos, que de los políticos, por no apretar. Y mientras tanto… Todo sigue igual.

 

Quizá el problema, es que el infelíz sea yo. O el culpable…

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