En Mi Mundo Interior | Cobardes
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— Cobardes

“Muere una mujer cada ochenta horas asesinada por violencia machista”; “El número de mujeres asesinadas por violencia de género podría ascender a 16”; “2017: 53 días y 14 asesinadas por violencia machista”; “Los primeros 53 días de 2017, el peor periodo de violencia machista en 10 años”; “Violencia machista: Los primeros 53 días de 2017, el peor periodo de violencia de género en 10 años”. Diversos titulares, con un denominador común, todos los asesinos son unos cobardes.

Cada vez que oigo uno de estos casos, mi cerebro recibe una batería de preguntas, que por desgracia se quedan sin respuesta: ¿Qué está pasando? ¿Por qué está habiendo este repunte de violencia en nuestro país? ¿Qué tipo de podredumbre está afectando a nuestra sociedad para que se haya normalizado en los medios de comunicación este tipo de situaciones? ¿Cómo es posible que no vomitemos al oír que se ha producido un acto de este tipo? ¿Qué tipo de medidas se adoptan desde las instituciones para solventarlo? ¿Quién en su sano juicio comete un acto de estas características? ¿Cómo es posible que se permita que se produzca esta escalada de agresiones y no se ataje de raíz el problema?

Porque la gravedad del problema no radica solo en el número de asesinadas: 16. Sino en los miles y miles de mujeres que salen a la calle con un ojo en la nunca; personas que saltan en sus sillas cuando oyen el timbre de la calle; que miran con temor su teléfono móvil por si les ha vuelto a escribir, por si les preguntan dónde andan, por si les dice que las está viendo. Debemos ser conscientes de que hay decenas de miles que sufren en silencio la barbarie, por miedo, porque sienten que no se hace lo suficiente, porque ven en las noticias que a veces es peor dejar la situación en la que se encuentran , que vivir condenadas el resto de su vida porque un cobarde les ha cortado las alas y les ha arrancado los sueños.

Me avergüenzo de vivir en una sociedad donde se permite que se publiquen libros y películas como “50 sombras de grey” donde se normaliza el acoso; que “Mujeres, hombres y viceversa” sea líder en su franja horaria, y podamos ver en ese programa la manera en que se relativiza el respeto a las personas del sexo opuesto; que el reggaeton venga cargado de insultos y de palabras que invitan al sometimiento del sexo femenino. Me avergüenzo de vivir en una sociedad, donde los cobardes no son señalados de manera pública para que por lo menos se lo piensen.

Porque cada vez tengo más claro que la solución pasa por ahí, por crear un sistema defensivo de protección y prevención, basado en la vergüenza y el escarnio. Cada vez que haya una condena probatoria de un caso de violencia de género, y ligado a una orden de alejamiento, los medios de comunicación locales deberían publicar en portada la cara y el nombre y apellidos de quien lo cometa. Y además, se debería crear un sistema de consulta público, donde se introdujera nombre, apellidos y población de residencia, acompañado de una fotografía del acosador/ maltratador/ asesino.

Y la pregunta es… ¿Qué ganaríamos con eso?

  • Ganaríamos en protección para las mujeres, de tal modo que cada vez que vayan a iniciar una relación con un hombre, podrían consultar previamente sus antecedentes.
  • Ganaríamos en prevención. Porque estoy seguro que muchos hombres se lo pensarían antes de hacerlo, por miedo a perder sus trabajos y condenar sus vidas, o simplemente por vergüenza.

Pero evidentemente, esto es insuficiente. Debemos mejorar los planes educacionales. Crear de una vez un pacto de Estado por la Educación, con la implicación de todos los agentes y que dure una generación. Un pacto de Estado por la Educación, donde se potencien los valores de respeto e igualdad. Debemos cambiar el modelo para evitar la violencia en la sociedad, no solo la de género.

Pero la Educación, aunque sea el pilar sobre el que se construye una sociedad, es un proceso de cambio lento pero sin duda el más eficaz y duradero. Por ello, al margen de la reforma educativa se antoja necesario hacer una revolución para terminar con los cobardes. Debemos arrinconarlos, señalarlos, exponerlos al escarnio público, que se sientan en el ojo del huracán, que se conviertan en las víctimas una vez cometido su delito. Para que se lo piensen.

Llámame tarado. Pero prefiero vivir en una sociedad donde se señale al culpable y se le condene de manera pública, en vez de una sociedad donde se gastan solo tres segundos en mencionar a la última víctima, decir qué penita me da, y mirar para otro lado.

Es una idea que aplicada con rigor judicial, puede dar buenos resultados, ayudando a disminuir el número de agresiones de una manera significativa, y posibilitando la reducción de víctimas anuales.

Porque lo que está claro, es que los asesinatos son consecuencia de una escalada de violencia. Desconozco la cifra exacta, pero me resulta imposible imaginar que alguno de estos cobardes no hubiera pegado anteriormente a sus parejas; que no las hubiera insultado, o abofeteado. No puedo creer que llegara directamente al asesinato, sin pasar por todas o alguna de las etapas anteriores. Quizá, si a la primera, se les hubiera señalado, habría ayudado a prevenir alguno de estos casos.

Porque lo que es evidente es que el modelo actual no funciona.

¿Y tú? ¿Cuál crees que es la solución?

 

 

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